Una tarde me dieron ganas de probar una receta nueva. Mi hijo, de 6 años, un diplomático en ciernes, ya se había comido casi la mitad del guiso cuando alzó la mirada y comentó:
-Mamá, eres una estupenda cocinera, ¡pero esta receta está espantosa!
Llevaba un mes buscando una casa para comprala. Un día, al recoger a mis hijas del colegio, la más pequeña me pregutó si ya la había encontrado. Le dije que sí, que había visto una con tres habitaciones. Me preguntó que para quién iban a ser las habitaciones. Le respondí que una era para su hermana, otra para ella y la última para su papá y para mí. La niña contestó:
-¡Ay, mamá! ¿Por qué no compraste una con cuatro habitaciones, para que mi papá tenga la suya? ¡Al pobre siempre le toca contigo...!
-Mamá, eres una estupenda cocinera, ¡pero esta receta está espantosa!
Llevaba un mes buscando una casa para comprala. Un día, al recoger a mis hijas del colegio, la más pequeña me pregutó si ya la había encontrado. Le dije que sí, que había visto una con tres habitaciones. Me preguntó que para quién iban a ser las habitaciones. Le respondí que una era para su hermana, otra para ella y la última para su papá y para mí. La niña contestó:
-¡Ay, mamá! ¿Por qué no compraste una con cuatro habitaciones, para que mi papá tenga la suya? ¡Al pobre siempre le toca contigo...!

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