martes 15 de julio de 2008

Chistes de Judíos

Los pretendientes de Rebeca

Don Jacobo, padre de Rebeca, preocupado por ésta, le preguntó:

-Querida Rebeca, ¿tienes algún pretendiente?

-Sí, papá, tengo tres.

El padre decidió someter a prueba a cada uno de ellos: Abraham, Isaac y Samuel. Don Jacobo le entregó a Abraham un huevo, a Isaac una naranja y a Samuel un chorizo, y les dijo que en una semana debían volver y contar qué hizo cada uno con lo que se llevó. Pasó la semana, llegó Abraham y Don Jacobo le preguntó:

-¿Qué hizo con el huevo, Abraham?

-Bueno..., al huevo le rompí la cáscara, la tiré a la basura, me preparé un huevo frito y me lo comí.

-¡No! ¡Mal, mal! Usted desperdició la cáscara de huevo, que bien picadita es comida para pájaros. No merece casarse con Rebeca. ¡Váyase!

Luego llegó Isaac y le dijo a Don Jacobo:

-Bueno..., yo pelé la naranja, me la comí y tiré la cáscara y las semillas.

El padre de Rebeca, enfurecido, le dijo:

-¡No, no y no! ¡Mal, muy mal! La cáscara de naranja es alimento de gallinas. Las semillas las puede plantar y así, algún día, podrá tener naranjas. Usted tampoco merece la mano de Rebeca. ¡Márchese!

Finalmente llegó Samuel y Don Jacobo, ya indignado, le preguntó:

-¿Y bien? Samuel, ¿qué hizo usted con el chorizo?

-Bueno, Don Jacobo..., yo al chorizo le quité el hilo y me cosí un botón de la camisa; después lo pelé y me comí lo de dentro; con el pellejo de fuera me fabriqué un preservativo y le hice el amor a su hija; y aquí tiene usted la leche para el gatito.



Don Isidoro


Don Isidoro, un viejito judío inmigrante, vivía en Los Angeles. Se dedicaba a vender telas. Daba la casualidad de que un vecino, James, era el antisemita más grande de la ciudad. Un día James le dijo a don Isidoro:

-¡Ey! Judío, necesito que me vendas un pedazo de tela color naranja, que mida desde la punta de tu nariz hasta la punta de tu pene.

-Boino, está bien -contestó don Isidoro-.

Al día siguiente, un tremendo ruido de motores despertó a James. Se asomó por la ventana y vió, horrorizado, en la puerta de su casa, una fila de camiones, y del primero estaban bajando el comienzo de un rollo de tela color naranja que seguía en los otros camiones. Tocaron al timbre y apareció una persona de la compañía de transportes con una factura a su nombre de 15.000 dólares. James corrió desesperado a la casa de su vecino Isidoro, golpeó la puerta y le dijo:

-Judío, ¿por qué me hiciste esto a mí? ¡Te dije un pedazo de tela desde tu nariz a la punta de tu pene!

-Boino -contestó don Isidoro tranquilamente-, la punta de mi pene quedó en Polonia.



Crédito de un dólar

Va Samuel, el judío, al Banco Israelita y se acerca al cajero.

-Buenos días Samuel -lo saluda el cajero atentamente-.

-Buenos días. Vengo a pedir un crédito de un dólar.

-¿Un dólar? Pero Samuel, le retiro esa cifra de cualquiera de sus cuentas o inversiones y solucionado el problema.

-Si no me da el crédito, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.

-Pero no, Samuel, no es para tanto, si usted quiere el crédito se lo damos -y le acerca los papeles para que los firme-.

-¿Cuánto es el interés?

-3% mensual.

-Esta bien, pero quiero dejar en garantía de pago mi BMW.

-No Samuel, no es necesario, con sus cuentas es más que suficiente.

-Si no dejo mi BMW como garantía, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.

-Está bien, Samuel, puede dejar su BMW en garantía en la bóveda del Banco hasta dentro de 30 días.

-¡Perfecto!

Vuelve Samuel a su casa y le dice a su esposa:

-Ruth, ya podemos tener unas vacaciones tranquilas, conseguí estacionamiento por 3 centavos el mes completo.

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