Los pretendientes de Rebeca
Don Jacobo, padre de Rebeca, preocupado por ésta, le preguntó:
-Querida Rebeca, ¿tienes algún pretendiente?
-Sí, papá, tengo tres.
El padre decidió someter a prueba a cada uno de ellos: Abraham, Isaac y Samuel. Don Jacobo le entregó a Abraham un huevo, a Isaac una naranja y a Samuel un chorizo, y les dijo que en una semana debían volver y contar qué hizo cada uno con lo que se llevó. Pasó la semana, llegó Abraham y Don Jacobo le preguntó:
-¿Qué hizo con el huevo, Abraham?
-Bueno..., al huevo le rompí la cáscara, la tiré a la basura, me preparé un huevo frito y me lo comí.
-¡No! ¡Mal, mal! Usted desperdició la cáscara de huevo, que bien picadita es comida para pájaros. No merece casarse con Rebeca. ¡Váyase!
Luego llegó Isaac y le dijo a Don Jacobo:
-Bueno..., yo pelé la naranja, me la comí y tiré la cáscara y las semillas.
El padre de Rebeca, enfurecido, le dijo:
-¡No, no y no! ¡Mal, muy mal! La cáscara de naranja es alimento de gallinas. Las semillas las puede plantar y así, algún día, podrá tener naranjas. Usted tampoco merece la mano de Rebeca. ¡Márchese!
Finalmente llegó Samuel y Don Jacobo, ya indignado, le preguntó:
-¿Y bien? Samuel, ¿qué hizo usted con el chorizo?
-Bueno, Don Jacobo..., yo al chorizo le quité el hilo y me cosí un botón de la camisa; después lo pelé y me comí lo de dentro; con el pellejo de fuera me fabriqué un preservativo y le hice el amor a su hija; y aquí tiene usted la leche para el gatito.
Don Isidoro
Don Isidoro, un viejito judío inmigrante, vivía en Los Angeles. Se dedicaba a vender telas. Daba la casualidad de que un vecino, James, era el antisemita más grande de la ciudad. Un día James le dijo a don Isidoro:
-¡Ey! Judío, necesito que me vendas un pedazo de tela color naranja, que mida desde la punta de tu nariz hasta la punta de tu pene.
-Boino, está bien -contestó don Isidoro-.
Al día siguiente, un tremendo ruido de motores despertó a James. Se asomó por la ventana y vió, horrorizado, en la puerta de su casa, una fila de camiones, y del primero estaban bajando el comienzo de un rollo de tela color naranja que seguía en los otros camiones. Tocaron al timbre y apareció una persona de la compañía de transportes con una factura a su nombre de 15.000 dólares. James corrió desesperado a la casa de su vecino Isidoro, golpeó la puerta y le dijo:
-Judío, ¿por qué me hiciste esto a mí? ¡Te dije un pedazo de tela desde tu nariz a la punta de tu pene!
-Boino -contestó don Isidoro tranquilamente-, la punta de mi pene quedó en Polonia.
Crédito de un dólar
Va Samuel, el judío, al Banco Israelita y se acerca al cajero.
-Buenos días Samuel -lo saluda el cajero atentamente-.
-Buenos días. Vengo a pedir un crédito de un dólar.
-¿Un dólar? Pero Samuel, le retiro esa cifra de cualquiera de sus cuentas o inversiones y solucionado el problema.
-Si no me da el crédito, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.
-Pero no, Samuel, no es para tanto, si usted quiere el crédito se lo damos -y le acerca los papeles para que los firme-.
-¿Cuánto es el interés?
-3% mensual.
-Esta bien, pero quiero dejar en garantía de pago mi BMW.
-No Samuel, no es necesario, con sus cuentas es más que suficiente.
-Si no dejo mi BMW como garantía, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.
-Está bien, Samuel, puede dejar su BMW en garantía en la bóveda del Banco hasta dentro de 30 días.
-¡Perfecto!
Vuelve Samuel a su casa y le dice a su esposa:
-Ruth, ya podemos tener unas vacaciones tranquilas, conseguí estacionamiento por 3 centavos el mes completo.
Don Jacobo, padre de Rebeca, preocupado por ésta, le preguntó:
-Querida Rebeca, ¿tienes algún pretendiente?
-Sí, papá, tengo tres.
El padre decidió someter a prueba a cada uno de ellos: Abraham, Isaac y Samuel. Don Jacobo le entregó a Abraham un huevo, a Isaac una naranja y a Samuel un chorizo, y les dijo que en una semana debían volver y contar qué hizo cada uno con lo que se llevó. Pasó la semana, llegó Abraham y Don Jacobo le preguntó:
-¿Qué hizo con el huevo, Abraham?
-Bueno..., al huevo le rompí la cáscara, la tiré a la basura, me preparé un huevo frito y me lo comí.
-¡No! ¡Mal, mal! Usted desperdició la cáscara de huevo, que bien picadita es comida para pájaros. No merece casarse con Rebeca. ¡Váyase!
Luego llegó Isaac y le dijo a Don Jacobo:
-Bueno..., yo pelé la naranja, me la comí y tiré la cáscara y las semillas.
El padre de Rebeca, enfurecido, le dijo:
-¡No, no y no! ¡Mal, muy mal! La cáscara de naranja es alimento de gallinas. Las semillas las puede plantar y así, algún día, podrá tener naranjas. Usted tampoco merece la mano de Rebeca. ¡Márchese!
Finalmente llegó Samuel y Don Jacobo, ya indignado, le preguntó:
-¿Y bien? Samuel, ¿qué hizo usted con el chorizo?
-Bueno, Don Jacobo..., yo al chorizo le quité el hilo y me cosí un botón de la camisa; después lo pelé y me comí lo de dentro; con el pellejo de fuera me fabriqué un preservativo y le hice el amor a su hija; y aquí tiene usted la leche para el gatito.
Don Isidoro
Don Isidoro, un viejito judío inmigrante, vivía en Los Angeles. Se dedicaba a vender telas. Daba la casualidad de que un vecino, James, era el antisemita más grande de la ciudad. Un día James le dijo a don Isidoro:
-¡Ey! Judío, necesito que me vendas un pedazo de tela color naranja, que mida desde la punta de tu nariz hasta la punta de tu pene.
-Boino, está bien -contestó don Isidoro-.
Al día siguiente, un tremendo ruido de motores despertó a James. Se asomó por la ventana y vió, horrorizado, en la puerta de su casa, una fila de camiones, y del primero estaban bajando el comienzo de un rollo de tela color naranja que seguía en los otros camiones. Tocaron al timbre y apareció una persona de la compañía de transportes con una factura a su nombre de 15.000 dólares. James corrió desesperado a la casa de su vecino Isidoro, golpeó la puerta y le dijo:
-Judío, ¿por qué me hiciste esto a mí? ¡Te dije un pedazo de tela desde tu nariz a la punta de tu pene!
-Boino -contestó don Isidoro tranquilamente-, la punta de mi pene quedó en Polonia.
Crédito de un dólar
Va Samuel, el judío, al Banco Israelita y se acerca al cajero.
-Buenos días Samuel -lo saluda el cajero atentamente-.
-Buenos días. Vengo a pedir un crédito de un dólar.
-¿Un dólar? Pero Samuel, le retiro esa cifra de cualquiera de sus cuentas o inversiones y solucionado el problema.
-Si no me da el crédito, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.
-Pero no, Samuel, no es para tanto, si usted quiere el crédito se lo damos -y le acerca los papeles para que los firme-.
-¿Cuánto es el interés?
-3% mensual.
-Esta bien, pero quiero dejar en garantía de pago mi BMW.
-No Samuel, no es necesario, con sus cuentas es más que suficiente.
-Si no dejo mi BMW como garantía, Samuel retira inversión, retira dinero, retira joyas, retira todo.
-Está bien, Samuel, puede dejar su BMW en garantía en la bóveda del Banco hasta dentro de 30 días.
-¡Perfecto!
Vuelve Samuel a su casa y le dice a su esposa:
-Ruth, ya podemos tener unas vacaciones tranquilas, conseguí estacionamiento por 3 centavos el mes completo.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada